jueves, 8 de diciembre de 2011

Filosofía descafeinada.

Hay días en lo que todo se desmorona a tu alrededor. Pasas toda una vida construyéndote una vida, asentando unas bases para tus principios, y un día, te das cuenta de que puedes destrozar todo tu esfuerzo  en tan sólo un minuto. De que es inútil intentar lo contrario, porque en el fondo tu destino nunca estuvo en tus manos. La vida es aquello que te sucede cuando tú ya has hecho tus planes, y eso es indiscutible. Universal.

Esos días no tiene sentido que busques la esperanza, porque aunque la encuentres la tentación de rendirte, tirar la toalla y dejar que tus fuerzas se agoten mientras esperas en un rincón a que las aguas vuelvan a su cauce, o a que alguien tome la decisión que tú no osas tomar. Quieres hundirte en tu pozo de autocompasión, llorar lo que muchas veces te callas, y dejar que la soledad te ahogue en su abrazo infinito.

Pero…siempre hay quien lo impide. Quien te sonríe mientras te tiende su mano para ayudarte a levantar, quien te abraza para que sepas que está ahí, aunque se quede callado, recomponiendo tus sueños rotos con una aguja de buenas intenciones  usando como hilo el silencio. Cuando esa persona se acerca para dejar que llenes su hombro de lágrimas, tú sigues estando triste. Tu vida sigue siendo una mierda. Las cosas no van a mejorar simplemente porque ya no estés sólo. Y sin embargo, hay algo que cambia en la circunstancia y que deja ver un rayo de sol en medio de tus pensamientos: la esperanza.

Gabriella Nightray

domingo, 4 de diciembre de 2011

Natural.

Agua. 
La lluvia cae sin pausa sobre toda la cuidad. Las luces de los coches y las farolas se ven distorsionadas ante el telón acuoso que envuelve las calles y los habituales ruidos de la noche: gritos, motores y el constante murmullo de la prisa de la gente, quedan ensordecidos por el chapoteo de las gotas al caer. Es una lluvia fuerte, similar a la que acompaña a las grandes tormentas de los bosques, que limpia esta jungla de cristal y tecnología. 


Viento. 
Hace frío. Un viento suave pero voraz recorre la ciudad de punta a punta, helando cuando encuentra a su paso. Azota la cara de las pocas personas que te atreven a enfrentarse a él sin compasión y arrastra todo rastro de humanidad con él. Ni bolsas, ni basura... No queda nada después de él. Es revitalizante, te despierta y obliga a moverte para defenderte de él. 


Tierra. 
Huele a tierra mojada. Ese acogedor aroma tan natural hace que el humo, o los tubos de escape de los vehículos pasen completamente desapercibidos. Te refresca los pulmones y despeja tu cabeza de todas las preocupaciones diarias. Clases, trabajos, problemas familiares... Poco a poco y durante unos minutos dejan de existir. 


Fuego. 
Tras una noche purificadora, la ciudad se enfrentara mañana al sol. Un sol radiante y cálido que se reflejará en el agua de los charcos y las rosadas mejillas de los niños de camino al colegio. Poco a poco secará las cases y hará que todo quede precioso, impoluto y lleno de vida, durante al menos unos días. 


Me encuentro en una pequeña calle. Tenía prisa, iba de camino a casa tras terminar mis clases particulares. Debo hacer mis deberes y preparar un examen para mañana, pero cuando estaba a mitad de camino me sorprendió la lluvia. Intenté resguardarme pero en pocos segundos estaba empapada y al mirar al cielo me detuvo el intenso brillo de la luna. Nunca la había visto tan grande y bonita.
Me he parado, estoy mojada y tengo la nariz fría, pero ya no tengo prisa. Nunca había visto la naturaleza tan de cerca como ahora. Nunca se me había ocurrido pensar que por más que el hombre crea que la batalla contra la Tierra esta ganada, ella siempre hace un hueco en su agenda para recordar a los pocos que se paran a mirar que sigue aquí y que no se da por vencida. 

Violet Nightray

sábado, 3 de diciembre de 2011

Running in the dark.

Y allí estaba yo. Sola, en medio de la nada, buscando una respuesta que sirviera para todas las preguntas que me he hecho durante toda mi vida. Pero en mi mente no había más que un vacío absoluto que trataba de devorar todo aquello que no quiero olvidar. Mis gritos no se escuchaban, por muy altos que sonaran. O nadie quería escucharlos. Y yo solo sabía correr en medio de toda esa oscuridad.

No sabía en qué momento ocurrió, pero me di cuenta de que mi mundo estaba detenido en una noche que no tenía un final. Y en medio de todo, estaba mi memoria. Las risas a destiempo, las lágrimas que nunca llegaron a caer, las palabras que no me atreví a decir en voz alta para no reconocerlas, los ratos soñando despiertan con momentos con días mejores y cielos azules. Todos los engranajes que una vez dieron sentido a mi existencia y que de repente ya no estaban.

Creí que era el final. Qué no quedaba esperanza, y que yo pronto sería otro engranaje parado en el tiempo. Me había resignado a convertirme en una persona sin sueños que avanza día a día sin dejar una huella en mi camino, en una cara conocida que un día desaparece y a nadie le importa dónde está ahora.
Cerré los ojos cansada de no ver nada y me deje caer en mi tristeza, abandonando, y en ese momento, me agarraste. Volví a abrir los ojos, y me encontré con tu mirada. Y de pronto, todo volvió a su sitio. Porque tú estabas allí, conmigo, y con eso bastaba para que la oscuridad ya no me diera más miedo.

Las piezas rotas de mi ser se recompusieron, y yo volví a estar completa de una forma diferente. Las sonrisas recobraron su sentido, tu voz me ataba a la realidad, y en tus ojos estaba esa respuesta sin palabras. Yo nunca estuve vacía hasta no saber que en realidad sólo soy una mitad incompleta. Pero si estás conmigo, eso ya no importa. Por eso, quédate conmigo.  Y nunca volveré a correr sola. No habrá más oscuridad.

Gabriella Nightray

sábado, 5 de noviembre de 2011

Por ti.

Por ti podría ser cualquier cosa. Lo qué quieras.


Podría ser más dulce que el azúcar. Callarme lo que pienso. Reírme ante un chiste malo.Podría salir a bailar, agarrada de tu mano. Hacer rimas que en realidad no dicen nada, en un poema que lleve tu nombre. O también podría intentar ser indiferente, no devolverte las llamadas, no mirarte cuando sé que me observas. Decir todo lo que pasa por mi cabeza.


A cambio, sólo te pido que seas como eres. Qué te olvides de que no siempre sé como dibujar una sonrisa y de que a veces soy un poco insoportable.Porque yo, podría cambiar, o al menos intentarlo.


Porque cuando estoy contigo, quiero ser mejor persona.


Gabriella Nightray

domingo, 9 de octubre de 2011

Lluvia de estrellas

La oscuridad del cielo invadida por la claridad de la luna, que refleja un brillo frío y mucho más atrayente que el de cualquier otro astro. Es extraño, pero la propia luz del sol por si sola no resulta emotiva, sin embargo, al verla con la luna como intermediario cobra una vida gélida y distante que hace que no pueda apartar los ojos de ella. 


Las estrellas. Simples puntos luminosos en el cielo que podrían haber sigo dibujados al antojo de un niño.Sin embargo son lejanas y grandes. Más de lo que podemos llegar a imaginar. 
Se enciende una más en el cielo, y deja una estela de luz al desplazarse durante a penas unas milésimas de segundo en el gran fondo negro que hace que desaparezca. 
Y ya esta perdida. Nunca volverás a verla, ni tu ni nadie. 


Una lluvia de estrellas fugaces hace que la mente se apague, y te centres de disfrutar del espectáculo que te ofrecen. 
Es inevitable y precioso mirar al cielo, también inquietante descubrir lo insignificante que eres en comparación con él. 


La noche. No es profunda, no es romántica, no es siniestra... Solo es la falta de luz que, a veces, se necesita para darte cuenta de cosas que el brillo del sol no deja ver. Una inspiración. 


Violet Nightray