domingo, 9 de enero de 2011

I ain't gonna live forever.

Una serie de acordes que marcan una melodía que acompaña tus sueños. Los sonidos que no consigues olvidar, pero a los que no puedes darle una forma concreta. Sabes que quieren decirte algo, pero ¿cómo saber el qué? Te persiguen, casi te acosan pero no puedes darles lo que quieren. No puedes darles un nombre para acabar con su anonimato. Su incorpórea existencia no tiene un sentido, porque nadie puede entender las simples notas de una guitarra.

Una frase que marcó un antes y un después en tu forma de vivir y de pensar. Letras que forman palabras, palabras que forman pensamientos que se recogen en tu cabeza con el significado de ese comentario que escuchaste por accidente y que no puedes olvidar. Una frase que necesitas explorar, que va más allá de lo que simplemente dice, que tiene un mensaje, un sentimiento que transmitir, pero... ¿cuál?

La impotencia de no poder resolver los dos enigmas que te absorben. La obsesión que te lleva a no pensar en nada que no sean esas notas perdidas en el viento y esas palabras que cayeron en tus oídos como un susurro.
Una idea que aparece sin sentido alguno. La impresión de que ambas cosas son mitades incompletas que encajarían a la perfección. Entonas la melodía; la has escuchado tantas veces que podrías hacerlo aunque no tuvieras cuerdas vocales, añades las palabras; las encajas en el momento preciso.

Lo has resuelto. Todo se mezcla formando una simple canción con un significado completo que te despierta del sueño en el que has vivido hasta ahora. Que expresa un sentimiento grandioso. Que reclama a voz en grito libertad y grandeza. Que te hace pensar: "ahora o nunca".

Violet Nightray

jueves, 6 de enero de 2011

Dibujar una sonrisa.

Al principio solo era consciente de que hacía frío.
Más tarde, se dio cuenta de que era demasiado pronto. Le quedaban dos horas de sueño, y un enorme espacio vacío en la cama. También quedaban un montón de fotografías rotas esparcidas por la mesilla; desde las que solamente sonreía ella.
Cuando los días fueron pasando, también fue capaz de ver que esa noche no había sido tan fría. Lo había sido porque ella había querido… estar sola no provocaba ni la mitad de frío que un gélido abrazo y la respiración de quien apenas puede mirarte a los ojos.
Supo que lo había superado cuando fue capaz de pegar de nuevo la otra mitad de las fotografías desde las que él miraba a la cámara. Y entendió que por más que cambiara el agua del jarrón donde reposaban las rosas ya marchitas, ellas no iban a volver a florecer.
Y, entonces, comprendió que ya no era necesario esperar despierta por las noches, que ya no volvería. Qué él no querría que lo esperara.
Solo en ese momento fue capaz de sonreír sin sentirse culpable por ello. Y una vez fue capaz de dibujar una primera sonrisa, las demás ya no dolían tanto.
Lo echaba de menos. Más que a nadie en el mundo…pero ya era capaz de vivir con su ausencia.
Gabriella Nightray

martes, 4 de enero de 2011

Recuerdos.

Siente que el tiempo se acaba. Su mundo, poco a poco, se desvanece ante su impotente mirada. Solo le quedan manchas borrosas de lo que fue su pasado y recuerdos de tiempos mejores que, en realidad, solo le traen amargura y dolor.

No puede aceptar que todo termine. No concibe un mundo en el que su presencia no importe.

En su día hizo cosas, vio cosas, vivió cosas. Fue importante, fue él. Ahora nadie le echa en falta, nadie sabe su nombre, a nadie le importa lo que un pobre anciano pueda decir. Solo es la sombra de lo que dejó atrás.

Se arrepiente. No de lo que hizo o dijo, sino, de haber permitido que su vida llegara hasta este punto. Se pregunta si no habría sido mejor morir cuando aun era valioso para mundo, cuando era aclamado y todos buscaban su compañía. Cuando las voces de la gente gritando su nombre con ilusión y admiración no estaban tan lejanas, cuando la calidez de todas esas personas aun no había desaparecido.

Se ha dado cuenta de que morir sabiendo que nadie te necesita, que nadie te recordará... te hace perderte a ti mismo.

Violet Nightray

lunes, 3 de enero de 2011

Rutina

Le gusta imaginarse que es otra persona.
Contemplar el mundo tras los ojos de esa mujer con los labios pintados de rojo, tras la sonrisa de ese niño que juega en la arena, en la mente de ese pájaro que alza el vuelo.
No le gusta darse cuenta de que siempre llueve tras su ventana. Ni comprobar que tras su último llanto sus ojos parecen hinchados, y sus labios tienen una mueca triste.
Le gusta soñar que es la princesa encerrada en la torre, que solo espera y espera a que llegue su príncipe azul mientras entona canciones que el viento arrastra.
No le gusta despertar y saber que por mucho que espere, nadie llegará para rescatarla de su rutina. Y a pesar de ello sigue esperando.
Gabriella Nightray

sábado, 1 de enero de 2011

Despertar.

No puedo moverme.

Las luces giran a mi alrededor junto al estruendoso ruido de varios altavoces que gritan al unisono una melodía que no llego a comprender. Todo sucede ante mi como si yo no fuera parte del barullo que se mueve por la pista de baile.
El mundo no se detiene por mi como ocurre en las películas. Yo diría que el mundo ni siquiera sabe que existo, pero da igual.

Mis músculos están agarrotados, mis ojos rojos tras el baño de humo y las lágrimas luchan por no salir, aunque... si lo hacen nadie se daría cuenta. Por fin consigo caminar, torpemente me dirijo a la salida, huyendo de la tortura que me produce esa imagen.

Es cierto, ya no estamos juntos. Aun le quiero.

No tengo derecho a reprocharle nada. No puedo soportar verle con otra.

Voy a superarlo. Pero no ahora.

Me advirtieron que no me hiciera ilusiones. Pero me las hice.

Nunca llegué ha aceptar que lo había perdido, puede que no siempre se consiga lo que se desea... ni aunque sea lo único por lo que se vive.

Violet Nightray