domingo, 10 de octubre de 2010

Recuerdos

Los recuerdos facilitan el dolor interior.

Desde que te fuiste he rogado y suplicado a dioses en los que no creo para que puedas volver. El resultado ha sido ver como mi vida avanzaba sin mi, ver como me quedaba esperando sin moverme, deseando un reencuentro que jamás llegaría. Te he necesitado muchas veces y no estabas, he querido olvidarte y no me dejabas. Como olvidar a quien hizo tanto por ti, a quien quisiste como si no hubiera nadie más...

Todos mis recuerdos te mantienen cerca.

Veo tu sonrisa, tu seriedad, veo a través de tus ojos y se que estas lejos, pero ¿estas bien? Dame una muestra de ello, quizá así pueda continuar. Estás en cada lugar que veo, en cada persona que pasa. Como olvidar cuando todo me hace recordarte...

En los momentos tristes te imagino junto a mi.

Consolándome como solías hacerlo. No puedo soportarlo. En lugar de seguir a delante retrocedo, vuelvo atrás, a los días en los que aun estaba conmigo. Los escombros vuelven a ser lo que eran antes de tu partida, yo vuelvo a ser feliz ¿y para qué? Por más que te busco sigo sin encontrarte. Me acurruco en un pequeño rincón, ese que una vez nos sirvió de refugio, las silenciosas lágrimas vuelven de nuevo. Como olvidar si ya eres más que una parte de mi...

Violet Nightray

sábado, 9 de octubre de 2010

¿correcto?

El problema radica en que no soy perfecta. –o eso me has hecho creer-
Tú eres todo lo que alguien querría ser –sonrisas amables, habilidad con la música, magnetismo evidente, buenos modales en la mesa, la solución al problema y un futuro brillante – y yo quiero ser mejor por ti. ¿Por ti? No.
Para ti.
Para no sentirme inferior cuando tomas el relevo en una conversación, amoldando a tus deseos a los que te rodean sin que nadie se dé cuenta. Para no ver tu exasperación con cada error mío. Para comprenderte.
El problema en el fondo está en mí. ¿Es motivo para decirte adiós? Lo es.
Realmente el problema no radica en lo que yo soy o no soy. Está en lo que tú me haces querer convertirme.
Gabriella Nightray

miércoles, 6 de octubre de 2010

Nunca es tarde.

Algo va mal, no es cómo debería, no es cómo yo quiero que sea.
Hace sol, las calles están llenas de gente que habla, ríe, simplemente vive sin saber qué eso no está bien.
¿Dónde están las nubes que anuncian una tormenta, los gritos, los lamentos, los sollozos ahogados?
No quiero abrir los ojos y empezar un nuevo día. Quiero que la noche regrese, que los pájaros se callen. Quiero llorar sin que nadie intente consolarme, sin que intenten silenciar mi llanto.
“Otras veces has vivido un día sin mí. Puedes hacerlo. Solo tienes que intentarlo cada día”
Te quiero. Ya es tarde, pero te quiero.
Tú no puedes volver, y yo te prometí no seguirte, intentar seguir sin ti. Un día, un año, lo que quede de mi existencia.
No entiendo porque la vida continúa.
Gabriella Nightray

martes, 5 de octubre de 2010

Dos extraños

Es medianoche y no puedo dormir.
Noto tu brazo alrededor de mi cintura, y los latidos de tu corazón junto a mi oído. Observo tu rostro, relajado por el sueño y exhalo un suspiro. En respuesta, me acercas más a ti, y yo me dejo cual muñeca de trapo.
¿Esto está bien? Solamente sé tu nombre.
Solamente sabes el mío.
Pero conozco cada centímetro de tu piel como si fuera la mía propia, distingo el sonido de tu respiración de entre todas las demás y soy capaz de identificar tu tacto como si cada noche quedara grabado a fuego en mi memoria.
Puede que no sea correcto, pero ¿es posible que este mal algo que te hace sentir tan bien?
Cuando llegue el día, me marcharé; y será cómo si esta noche nunca hubiese existido. Cómo si tus manos nunca hubieran recorrido mi espalda mientras tus labios rozaban los míos. Volveremos a ser dos desconocidos.
¿Recordaré tu nombre mañana?
Cuando lo olvide volveré a buscarte. Te sonreiré entre la música estruendosa y te guiare hasta un rincón más apartado. Susurrare mi nombre en tu oído, y dejare caer una sugerencia de conocernos mejor. De nuevo.
Y cuando caiga la noche, volveré a formar parte de este juego entre las sábanas, volveré a conocerte y a recordar lo reconfortante que es dormir entre tus brazos hasta que la luz del día me obligue al olvidarte de nuevo.
¿Qué más da, si volveremos a encontrarnos?
Al fin y al cabo, solo somos dos extraños que se conocen demasiado bien.
Gabriella Nightray

lunes, 4 de octubre de 2010

Verdadero dolor.

Una habitación fría, oscura y vacía.

Estoy atrapada en ella con mi peor pesadilla. Le odio, me odia, pero no hay nadie más aquí. Los ruidos de las antiguas cañerías me atormentan y el frío me hace temblar en un rincón de la sala. Me está mirando, parece pensativo. Por primera vez desde que le conozco no siento odio hacia él, sino comprensión. Esta pasando por lo mismo que yo. Está magullado, pero hace un esfuerzo para levantarse, camina hacia mi. Mi dolorido cuerpo se encoge de miedo al ver a alguien acercarse, pero no me hace daño.
Se quita la chaqueta, dejando ver una horrible herída en su costado, y la coloca sobre mis hombros. No hay tiempo para darle las gracias.

El sonido del silbato anuncia el comienzo de nuevas y terribles torturas. Cuando la sombra de un hombre aparece en la habitación él se coloca frente a mi, me protege. No tarda mucho en caer al suelo ensangrentado, me mira, me mira como si me pidiera perdón por no haber aguantado más. Ya no me importa estar indefensa ante el dolor físico, he descubierto uno mucho peor.

Mis ojos se llenan de lágrimas ¿será verdad que del odio al amor solo hay un paso?

Violet Nightray